05 mayo, 2015

Anécdota de una ilusa que llegó a la educación por vocación


Hace algo más de un mes,  contaba en este espacio  lo que el proyecto “Europa en Juego” había supuesto para nosotros. Me refería al proyecto  realizado con mis alumnos/as de 4º de Diversificación como una linda locura que había implicado mucho esfuerzo y  trabajo en equipo a nivel de aula y de centro, ilusión compartida, algo de ingenio,  aprendizaje colaborativo y  familiarización con la Unión Europea basándonos en datos objetivos…;  un montón de  contenidos y valores que trabajamos investigando, conociendo  y haciendo, convencidos de que  eso también calaría e influiría en lo que terminaríamos siendo. 

Hace unas semanas,  se publicaron los premios del IX Concurso del Día de Europa. Cuando quise mostrar   el trabajo premiado en nuestra categoría, E.S.O,  a mis alumnos y alumnas, nos encontramos  con esta  inesperada  sorpresa .  Inicialmente, alumnado y profesorado,  nos dedicamos a bucear en el blog para descubrir y aprender de los demás, pensando en que algo creativo, artístico, brillante, diferente…estaba por llegar; pero poco tenía que ver  con la realidad.  PINCHAD EN LA VIÑETA Y OBSERVAD.

 

 Después de leer con detenimiento y observar entre el trabajo premiado, en nuestra categoría, alguna buena idea de la que aprender, también las hay y las valoramos, por supuesto que sí,  vinieron las preguntas :  ¿qué ha tenido en cuenta la comisión evaluadora de este concurso?, ¿cómo puede ser que nadie  se haya percatado de las decenas de errores lingüísticos que contiene el trabajo premiado por la Consejería de Educación de Extremadura? En esos momentos,  con el mayor de los respetos hacia todos los ganadores, porque al fin y al cabo no dejan de ser alumnos/as que han trabajado con ilusión sobre un tema, decidimos presentar un escrito a Programas Europeos. En el escrito felicitábamos a todos los alumnos/as cuyos trabajos habían resultado premiados , pero también manifestábamos el malestar sentido por parte tanto del alumnado como del profesorado participante en “Europa en Juego” al comprobar que la Administración Educativa no sólo valoraba, además premiaba,  un trabajo que contenía algunas  imágenes que no eran ni propias ni inéditas y que además algunas de las viñetas elaboradas y presentadas como actividad plástica contenían decenas y decenas de errores lingüísticos. 

En otros momentos de mi vida, me hubiera animado a pelear por aquello en lo que creo, como siempre se ha hecho en mi familia,  porque no considero que a nivel educativo  este tipo de actuaciones por parte de la Consejería de Educación,  nos dejen en muy buen lugar a todos esos docentes que, pese a los errores que cometamos,  trabajamos a diario por pura vocación y somos exigentes, entusiastas y rigurosos  en nuestro día a día; o al menos lo intentamos. Creo, tal y como escribe Francisca Sánchez, que trabajar  la competencia lingüística  es imprescindible en la formación de los alumnos/as y que la necesidad  de ser trabajada desde el prisma de las diferentes materias que integran el currículum, es algo que no admite discusión. Quizá porque estoy convencida de ello, me entristece enormemente  la incoherencia de la Administración Educativa y lamento  las valoraciones  precipitadas y superficiales , que si bien les inducen a su propio error al emitir ciertas valoraciones,  no impiden la rectificación rápida y rigurosa que se espera de toda Administración Educativa cuando las cosas no se hacen del todo bien.  Ante lo evidente sobran las palabras.
 A día de hoy, los hechos que reflejan estas líneas forman parte de una  anécdota más, que pasa a formar parte de la trayectoria profesional de una docente ilusa que llegó a esto de la educación por pura vocación y cuya ilusión, trabajo, entusiasmo  y buen humor,  no se va a ver mermado por concursos, premios, ni por  las erróneas actuaciones de la administración.  Dicho esto, deseo que las apreciaciones de verdad se tengan en cuenta para la próxima convocatoria,  que  aprendamos de los errores y que en próximas ocasiones no se repitan hechos similares, puesto  que contribuyen a que el alumnado perciba como contravalor aquello  a lo que a diario en el aula se le intenta dar valor y quitan sentido, si es que lo tenían,  a esos concursos de ortografía que la propia administración publica.

1 comentario:

Luis Inclán dijo...

Totalmente de acuerdo con tus comentarios, Begoña.
La vocación profesional que mencionas es, precisamente, lo que les debe faltar a quienes juzgan esos trabajos y juegan con la ilusión de alumnos y de profesores.
¡Ánimo con tu pasión por enseñar!