Después de días preocupada con el tema de los trastornos de alimentación, llega a mis manos hoy, de mano de la asociación extremeña contra la anorexia y la bulimia, lo que dejo ahora. Unas letras que independientemente de lo bien o mal escritas que estén, reflejan lo vivido en algunas casas por algunos de sus miembros.
LA NIÑA SOÑABA CUENTOS (ANDREA MUÑOZ)
La niña soñaba cuentos de príncipes y de hadas,
cuentos con final feliz
donde se veía casada
con niños de ojitos tiernos,
viviendo en una gran casa
rodeada de jardín
cuajado de rosas blancas.
Al mirarse en el espejo
descubrió desconsolada
la imperfección de su cuerpo
para la vida anhelada.
Sobraban algunos kilos,
tenía las caderas anchas,
rodetes en la cintura,...
¡ había que bajar la talla !
-Con este maldito cuerpo,
con esta maldita estampa,
no habrá príncipe en el mundo
que fije en mí su mirada.
Desde ese mismo instante
-se propuso emocionada-
modelarse un nuevo cuerpo
perfecto, esbelto, sin taras.
La madre miró a la hija
con un perfil de esperanza,
soñaba para ella todo
lo que a soñar alcanzaba
-terminará sus estudios,
estará remunerada,
encontrará un buen muchacho,
acabará bien casada, ...-
al fin y al cabo esta niña
nunca nos dio problemática.
Con el paso de los días
la niña enfermó de ansia,
ansia por bajar de peso,
ansia por estar delgada.
Pasó hambre, asco, insomnio,
tuvo miedo de la báscula
y de la fatal imagen
que el espejo reflejaba.
Cansado de los problemas
que el trabajo deparaba,
miraba el padre a la niña
y desviaba la mirada.
¿Qué pasa con mi muñeca,
cada día más delgada?.
La madre no respondía,
solo miraba y callaba.
Decidió en ese momento
dedicarse a observarla.
Hasta ahora su niñita
tan solo se preocupaba
de afanarse en los estudios,
de portarse bien en casa,
de salir algunas veces
con amigos de la infancia ...
Pero llevaba algún tiempo
-más bien una temporada-
que se encerraba en su cuarto,
ponía la música alta,
se rebelaba por todo,
solo usaba ropas anchas,
no salía con amigos,
alguna vez ... vomitaba.
Había bajado de peso
-era evidente la talla-
con inquietud se dio cuenta
de que ya no menstruaba.
¡ No puede ser ! ahora mismo,
-decidía preocupada-
la llevaré que la mire
el facultativo de guardia,
que le hagan un chequeo
desde los pies hasta el alma.
¡ No se olvide del análisis,
por si está embarazada !.
El médico la miró
-solo le bastó mirarla-
para emitir su diagnóstico:
ANOREXIA ¡ qué palabra !.
A partir de ese momento
todo les cambió en la casa,
lo que antes pasó de largo
se convirtió en vigilancia,
las horas de las comidas
en tristes horas amargas.
Ya no anhelaba príncipes,
ya no imaginaba hadas,
no deseaba jardines
cuajados de rosas blancas,
soñaba sólo con ángeles
que cubrieran con sus alas
el cristal de aquel espejo
y el martirio de la báscula.
De paso, por si pueden servir de algo, os dejo aquí algunos recursos sobre los trastornos del comportamiento alimentario.