07 noviembre, 2006

Un día que merece mención

Me siento, por fin, después de un intenso día cargado de emociones y me encuentro con esta noticia. Espero que mañana este mismo periódico se haga eco de lo que verdaderamente ha sucedido, de lo que mis ojos han visto y de, al menos, algo de lo que muchos hemos vivido.

En su día nos llamaron y hoy, los compañeros del IES "Santiago Apóstol", nos abrieron las puertas para asistir a una justificada concentración de docentes y no docentes, interesados en todo caso, en la educación de nuestros niños y adolescentes. Se rompieron todo tipo de pronósticos y no se sumaron al paro ni a la concentración una decena de centros, sino un ciento; a todos, mi personal agradecimiento.

Representantes de toda Extremadura nos presentamos al lugar y hora previstos con intención de dejar claro nuestro apoyo incondicional a Carlos, y de llamar, con contundencia, la atención de la Administración. Lo curioso, es que esos sindicatos de cuyas puertas cuelga el cartel de “pasen sin llamar”, en esta ocasión, en su mayoría, no se atrevieron a entrar y ese servicio de inspección que debe además de supervisarnos, darnos su apoyo, no se atrevió a aparecer. Durante rato, miré y miré entre los cientos de personas para hallar a esa buena moza que de vez en cuando se dejaba ver por el pasillo y también por la cafetería de mi centro, sabiendo de antemano que hoy, no estaría. También me entretuve en buscar a ese otro inspector, que de vez en cuando también aparecía y nos saludaba atentamente, lo triste, es que en esta ocasión, ni el “hola” se atrevió a pronunciar. Señores, a vosotros os digo que no ha hecho falta vuestra presencia, nos hemos bastado y sobrado con la nuestra, la de todos esos docentes y no docentes que sabemos lo que soportamos a diario o algún día nos puede tocar soportar y que estamos dispuestos a apoyarnos hasta el final porque aunque unos lo sufren en sus propias carnes todos lo sentimos. Eso, el sentir de todo un pueblo y de todo un gremio es lo que no os habéis atrevido a escuchar y el sentido común concentrado en nuestras conversaciones es lo que les falta a muchas de las vuestras. Es triste, aunque a la vez, hechos como los acontecidos hoy, no vienen más que a confirmarnos, que no a desdecirnos, la visión que tenemos algunos sobre la administración y eso a lo que queda reducida su función, que no la nuestra.

Espero, dicen que de esperanza se vive, que esta multitudinaria concentración marque un antes y el principio de un después en nuestra profesión. Ahora, sólo falta que al decidido paso que nosotros hemos dado, le siga el vuestro. Es preciso que sustituyáis la forzada sonrisa que aparece a diario en las fotos, el apretón de manos y los listados y estadísticas, por una seria y profunda reflexión sobre la educación, sin perder de vista, que trabajamos con niños que no con números y que más allá, de los despachos de las Consejerías, existen las aulas. Ese espacio que tan poco pisáis, en el que nosotros trabajamos, en el que a diario entramos con intención de disfrutar enseñando y del que cada día salimos más preocupados, pensando en los valores que caracterizan a los jóvenes de hoy y conformarán los ciudadanos del mañana.

3 comentarios:

Ricardo dijo...

Todo tan claro como siempre, Begoña. Gracias por todo, mereció la pena acudir.

Andrés dijo...

¡Qué razón tienes compañera!, saludos.

pepe dijo...

como siempre tienes muchísima razón. sigue así